Momentos
Escritura
Si tuviera que quedarme con un puñado de momentos, me quedaría con los encuentros.
Con las tardes de sábado de pelota en la calle, con el “viejito la toca la lleva”, con la mano de mi viejo esperándome en la esquina para cruzar la calle.
Me quedaría con mi vieja planchando el guardapolvo un domingo por la tarde.
Con las sobremesas en el campo y las guitarras encendidas en la casa de los abuelos.
Con las caminatas a hacer las compras, el carrito de alambre en la mano de mi abuela y mi mano pequeña adentro de la suya.
Con los veranos eternos en la casa de mis abuelos.
Me quedaría en los patios de la escuela, corriendo con el Negro Sarabia, el Pablo Chávez, el Carlitos Ahumada, el Paulo Oviedo, Milton.
Me quedaría al lado del mástil de la bandera preguntándole a esa compañera qué le había pasado al guardapolvo, por qué se le había salido un botón.
Me quedaría armando músicas en casetes para las americanas, buscando la manera de decirle a Sandra Merlo o a Jessica Brick que me gustaban.
Me quedaría lavando el auto en la calle del Nene después de repartir bolsas y vender en la calle.
Con el olor a soldadura y las rebabas en los dedos en el taller de Don Robert.
Sentado en la verja de mi casa esperando que alguien viniera a comprar al quiosquito.
Me quedaría caminando Horizonte con el Negro Marcos para ir a visitar a la Nalía y a la Silvia.
Escuchando a en la cama con la Nalía una siesta cualquiera.
Esperando el 14 para ir al Día en Funes en el turno noche.
En el asiento de adelante cuando Marisa me hablaba y me invitaba a hacer juntos la tarea de inglés.
Me quedaría volviendo de la fábrica con el overall verde.
Soñando en ese negocio que puse a los veinte, en ese primer impulso de creatividad.
En la voz de Berta diciéndome: “¿Y si te va mal? ¿Qué problema hay? Hacelo”.
Me quedaría en el Econopower, todos los pibes del barrio yendo en fila en moto para Carlos Paz.
Haciendo pan de madrugada en la panadería, esperando a la Lisa para tomar unos mates y aprender.
Me quedaría en esa pieza de mi casa, a los veintiocho, después de haber vendido el negocio, preguntándome qué carajo hacer con mi vida.
Sin saber si quedarme en Nueva Córdoba o venirme para acá, a la serranita.
Me quedaría en las escapadas mientras se armaba la casa, mientras levantaban el techo.
Cuando veníamos los fines de semana con Marisa a poner vidrios junto a Gerardo y Susana.
Poniendo pisos en el patio.
Pegando cerámicos en las paredes.
Me quedaría caminando hacia el río, cantándole con la guitarra a la panza mientras te esperábamos.
Me quedaría en esa mañana de sábado cuando volví y nos acostamos juntos a dormir la siesta.
Tenías apenas días de nacida, Amparo.
Me quedaría caminando entre las piedras del río cuando me llevabas de la mano y la Meli sacaba la foto.
En ese abrazo de los tres cuando bajabas del árbol.
En esa guitarreada cuando le dije a la Meli: “No te vayas, te llevo”.
Me quedaría en las tardes eternas y en las noches eternas en la cama.
Cuando me pediste ser mamá conmigo.
Me quedaría cuando nació el Santi, acá en la cocina.
Estábamos los tres.
Vos te habías quedado dormida con el Santi a upa y yo los miraba en silencio.
Me quedaría cuando empezó a caminar en la galería.
Cuando Amparo cumplió quince y lo festejamos en el patio.
En el primer día de jardín del Santi en el pueblo.
En el primer día de secundario de Amparo.
Me quedaría sentado en el patio mirando con May cómo dejábamos bonito el lugar para tu cumpleaños de quince.
Bailando una cumbia bajo la luna con vos un sábado a la noche.
Me quedaría acá.
Haciendo pan en la cocina de casa.
Mirando este patio.
Escribiendo estas palabras.
Me quedaría en esta conciencia.
En esta presencia.
En este estar.
En este dolor en la boca del estómago mientras digo todo esto.
En esta emoción.
Me quedaría diciendo que estoy en paz.
Que soy feliz.
Que estoy en paz con esta vida.
Que estoy en paz con este día.
Y si me pienso en el futuro, me veo haciendo pan.
Me veo escribiendo.
Cantando canciones.
Mirando este patio.
Me veo esperándolos a los dos para comer juntos y abrazarnos.
Y hay un interrogante, porque no sé si estás en esa imagen del futuro.
Pero quiero que sepas algo:
Hoy te amo.
Y te agradezco infinitamente haberme devuelto el amor por una mujer.
Haberme hecho sentir que todavía era posible.
Que nos encontramos.
Que nos miramos.
Que nos besamos.
Que nos tomamos de la mano.
Y que al mirarnos, algo en nosotros se reconoció.
Te amo.
Gracias.
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