Pájaro


Un colibrí

se acercó a tu mirada.

Miedo,

sorpresa,

asombro

por su cercanía.

Y la risa…

brotando sola,

como si el cuerpo entendiera

antes que la mente.

Dicen que traen mensajes.

Y tal vez sí.

Pero la magia fue esa:

estar despiertos

al milagro del instante.

Recibir

lo que es.

Lo espontáneo.

Lo vivo

y dar gracias!

Sentir

sin apurar el sentido,

dejando que la experiencia

se abra como una flor.

Pájaro:

libertad,

vuelo,

canto.

Entrega al aire,

nido,

la simpleza que habita.

Juego.

Creatividad del instante.

Vida moviéndose

en la rama

rozando la flor

o la mirada 

de quien abre y cierra el día.

Amanece

y canta.

Atardece

y agradece.

Y en el medio,

esa polifonía en el patio

nombrando lo real

sin pedir permiso.

Danzan,

beben de las gotas,

se alimentan

de lo mínimo.

Y en ese ser sin pedir nada,

la vida se revela simple,

clara,

suficiente.

Milagro de estar vivos

y

detener el instante

no para retenerlo,

sino para celebrarlo.

Dejar que la mirada repose.

Que el asombro florezca.

Porque en ese pequeño cuerpo

late lo inmenso:

libertad,

juego,

belleza que insiste

y canta

y canta

y canta

y se muestra. 

Un colibrí

se acercó a tu mirada

y vos estabas ahí

para celebrarlo.

¿qué trae?

¿qué dice?

Tal vez nada.

Tal vez todo.

Tal vez sólo eso:

estar.

mirar.

reír.

agradecer.

Dejar que el misterio

nos roce

y nos nombre.

Porque cuando un pájaro es pájaro

algo en nosotros despierta.

Y en ese espejo mínimo

reconocemos, sin esfuerzo,

lo esencial

y con éso 

 alcanza.

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