Propósitos
Propósitos
El hábito de intencionar manifestar dar gracias.
Uno dice: "mis" propósitos.
Y aparecen nombres conocidos: el trabajo,las manos haciendo oficio, la canción que busca su forma, la palabra que quiere quedarse.
Aparecen los hijos, la escena simple de estar, mirar, cuidar,acompañar sin apuro ese tiempo que crece.
Aparece el amor, una mujer, y en ese encuentro todo lo que abre y todo lo que duele.
A eso, le llamamos nuestra vida.
Pero si uno se detiene, sin correr a explicarlo, algo empieza a correrse de lugar: ¿soy yo el que elige esto, o hay algo viviendo a través de mí que se expresa así?
Porque incluso el deseo de hacer, de lograr, de dejar huella, también puede ser observado,
y en esa mirada, cuando no se la empuja ni se la corrige, algo se aquieta.
No desaparece la vida, desaparece el esfuerzo por ser alguien en ella.
Entonces, eso que llamábamos “propósito mayor” ya no está lejos, ni arriba, ni después, está acá: en cómo escucho, cuando alguien habla, en cómo sostengo lo que no entiendo, en cómo atravieso lo que desordena. No como una idea, sino como experiencia viva que me involucra entero. Ahí, lo que hago y lo que soy dejan de pelearse.
El oficio ocurre, la palabra llega, el amor se vuelve práctica, la crianza, presencia y no hay alguien controlando. Hay más bien una disponibilidad. Como si la vida encontrara en uno un poco más de espacio: un recordar.
Entonces responder no es aplicar lo correcto. Es afinarse: escuchar antes de hablar sentir antes de actuar esperar sin tensión hasta que lo verdadero quiera decirse o moverse. A veces será claro, a veces torpe, a veces incompleto. Pero tendrá verdad.
Y en esa verdad —imperfecta, humana, en proceso—aparece algo silencioso que no necesita nombre: una calma que sostiene, una inteligencia que ordena, un amor que no se impone.
Tal vez no haya propósito como lo pensamos. Tal vez haya una vida desplegándose, y nosotros aprendiendo, de a poco, a no interrumpirla.
Versión para canción
Hay propósitos pequeños,
o tal vez cercanos:
hacer el pan
escribir, cantar,
dejar huella en lo que pasa
antes de que se vaya.
Estar ahí,
en la mirada de los hijos,
sosteniendo el tiempo,
aprendiendo a cuidar
mientras la vida enseña.
Amar una mujer,
y en ese espejo
todo lo que abre
Y todo lo que duele.
Los amigos
esos puentes del tiempo
trayendo mensajes
dónde reconocernos
recordar juntos
el misterio del ahora.
hay el propósito,
más hondo,
que no elijo
pero insiste:
despertar.
Aprender a habitar la conciencia,
a soltar el nombre de los pensamientos,
a no creerse del todo
la voz que narra.
Ese propósito mayor
respira
a través de lo cotidiano.
Se vuelve gesto,
oficio,
don que se ofrece
sin saber del todo por qué.
Entonces,
Responder
Tal vez
dejando que
a través nuestro la vida sea
Con atención,
como quien escucha la música
del viento
Con amor,
que no es mas que paciencia
Con una entrega simple,
sin exigirle al instante
otra forma.
Responder
desde la calma que observa,
desde la palabra justa
que llega cuando hay silencio,
desde el cuerpo disponible
al misterio.
Y así,
en lo imperfecto,
ir habitando el inestable equilibrio
De ser y hacer
en una misma corriente,
en armonía con eso que es,
celebrando,
aun sin entender,
el milagro
de estar vivos.
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