Mas habitar/me
Estoy, en este tiempo, atravesando el aprendizaje de habitar el amor desde la presencia intermitente, real.
y en ese vacío o espacio que da el vínculo está la posibilidad de habitarme, sin enojo, sin juzgar sin sentir abandono, sin rechazo, sin conflicto externo, allí, entonces celebrar, habitrme y estar en paz con el momento, en amor, en alegría, en confianza, en presencia, en abundancia, en conciencia real de lo que es,
sin necesidad de ir a ningún lado, sin nada que hacer, sin sostener: solo estar en este aquí y ahora, en éste instante presente y entonces en esa entrega, en ése estar iré siendo en diálogo y repuesta con la vida.
En ese silencio, entregarme a la contemplación del momento presente. Allí nace la creatividad, en ese equilibrio y armonía con el ser y con el momento presente, dar espacio, para que en ese espacio- calma, la vida se exprese y se revele.
Allí quedarme, allí solo estar y confiar sin miedo, pues todo sucede observando con atención y comprencion para estar atento al momento preciso para ser y dar respuesta.
Habitar el amor
desde una presencia intermitente, real,
como (el pulso de la marea que va y vuelve).
Y en ese espacio que el vínculo abre,
aparece la posibilidad de volver a mí.
No como refugio,
sino como territorio.
Ahí, en ese vacío fértil,
descubro que la paz no depende,
que el amor no se sostiene,
que la alegría no se persigue.
Todo eso ya está,
cuando no estoy yendo a ningún lado.
Sin hacer,
sin forzar,
sin intentar sostener lo que respira solo.
Entonces llega el silencio.
No como ausencia,
sino como posibilidad
de entrega
a la contemplación del instante,
a la forma que toma la vida ahora.
En ese equilibrio inestable,
en esa armonía sin esfuerzo,
algo respira.
Allí, la creatividad no se busca, se encuentra
nace.
(Como brota el agua
cuando la tierra deja de resistirse)
Y ahí me quedo.
Ahí elijo estar.
Confiado
sin certeza,
sin miedo a lo que cambia.
Observo.
Comprendo.
Y desde ese ver
la respuesta llega:
No como reacción,
sino como expresión.
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