Relaciones

 La relación más importante y primordial de la vida es la relación con el ahora, o mejor aún, con cualquiera que sea la forma que adopte el ahora, es decir, lo que es o lo que sucede. Es en este momento cuando podemos decidir la clase de relación que deseamos tener con el momento presente. La realidad externa es siempre el espejo de nuestro estado interior. Una pregunta crucial que debemos hacernos con frecuencia es ¿cuál es mi relación con el momento presente? Después debemos estar alerta para descubrir la respuesta. ¿Trato el ahora apenas como un medio para llegar a una finalidad? ¿ hay algún otro lugar a dónde ir? ¿Lo veo como un obstáculo? ¿Lo estoy convirtiendo en mi enemigo? Puesto que el momento presente es lo único que tendremos, puesto que la vida es inseparable del ahora, lo que la pregunta significa realmente es ¿cuál es mi relación con la vida? Esta pregunta es una forma excelente de entrar en el estado de presencia. Hágase esta pregunta con frecuencia hasta que ya no la necesite. ¿Cómo trascender una relación disfuncional con el momento presente? Lo más importante es reconocerla en nosotros mismos, en nuestros pensamientos y en nuestros actos. Ver equivale al afloramiento de la presencia. Tan pronto como vemos la disfunción, ésta comienza a desvanecerse. El reconocimiento viene, el poder viene, de elegir la posibilidad de decirle sí al ahora y de aceptarlo como es: un amigo.

                             Eckhart Tolle, Una nueva tierra


Texto afinado 

Hay una relación que sostiene silenciosamente todas las demás relaciones de nuestra vida: la relación con el ahora. Con este instante. Con la forma concreta que adopta la vida mientras sucede. Porque el ahora no es una idea; es el rostro cambiante de lo real: una conversación, una pérdida, el canto de un pájaro al amanecer, una preocupación atravesando el pecho, el viento moviendo las hojas, un hijo llamándonos desde otra habitación.

Y quizá la pregunta más profunda que podamos hacernos sea: “¿Qué relación estoy teniendo con este momento?”

Porque muchas veces vivimos el presente como si fuera apenas un puente hacia otra cosa. Un trámite. Un obstáculo que hay que atravesar. Una incomodidad que debe desaparecer antes de poder sentir paz. Entonces entramos en guerra con lo que es. Y cuando peleamos con el instante, peleamos también con la vida misma, porque la vida nunca ocurre fuera del ahora.

El presente es como un río. Si intentamos empujarlo, agotamos nuestras fuerzas. Si lo negamos, nos separamos de él. Pero cuando dejamos de resistir, descubrimos que el río ya nos estaba llevando.

La realidad exterior suele volverse espejo del estado interior. Cuando hay lucha adentro, el mundo entero parece hostil. Cuando hay aceptación lúcida, incluso el dolor encuentra un espacio donde respirar. Por eso esta pregunta abre una puerta hacia la presencia: “¿Cuál es mi relación con este momento?”

No se trata de resignación pasiva. Decir sí al ahora no significa aprobar todo lo que sucede, sino dejar de agregar resistencia mental a lo que ya es. Es mirar el instante sin convertirlo inmediatamente en enemigo.

Y hay algo profundamente transformador en verlo. Ver la tensión. Ver el rechazo. Ver la huida. Ver cómo la mente quiere escapar hacia el futuro o reescribir el pasado. En ese acto de observar aparece una pequeña luz de conciencia. Y esa luz comienza a disolver la identificación.

Ver es presencia.

Como cuando las primeras luces del amanecer atraviesan la niebla: la niebla no necesita ser combatida; simplemente empieza a desaparecer.

Entonces el ahora deja de ser una carga y puede convertirse en un aliado. Un maestro silencioso. Un umbral.

Y quizá allí descubramos que la paz no llega cuando la vida finalmente obedece nuestros deseos, sino cuando dejamos de dividirnos de este instante y aprendemos a habitarlo completamente. 

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