Transitar la incomodidad juntos

Y si transitamos esta incomodidad juntos, toda la humildad, la entrega, la vulnerabilidad al momento presente y el amor expresado en esa frase, además de la sutileza en el gesto  de incluir al otro en el aprendizaje, en ese aprendizaje de tolerar la tensión y la incomodidad en vínculo, juntos, atravesando algo que nos pasa en el nivel de la forma, de las expectativas frustradas, pero que en realidad no es la esencia, no es el vínculo, no es lo profundo que emerge del encuentro, es sólo una situación a la que hay que responder. ¿Cómo? ¿Cada uno en soledad, recluidos, o quizás en silencio, apenas con el gesto mínimo, de un abrazo que contenga? Transitar la incomodidad juntos es trascender la situación psicológica de la expectativa frustrada y trascenderla en lo que en verdad es, en lo que es real, en ese presente, en esa conciencia de presente, que es sólo el encuentro de dos, experimentando el amor lejos de pertenecer a las formas.



¿Podemos permanecer juntos dentro de la incomodidad  sin convertirla inmediatamente en distancia, reproche o demanda?

Lo profundo de nombrar la situación y el interrogante es que —la expectativa frustrada, la tensión, la sensación de vacío o desconexión— deja de ser tomada como “la verdad del vínculo” y allí aparece otra posibilidad: no la reaccion impulsiva desde el miedo, sino la de habitar juntos el momento presente  tal como es.

El interrogante toma relevancia pues aparece la sutileza de incluir al otro en la experiencia de atravesar y aprender juntos pues la incomodidad no pide soluciones inmediatas, a veces solo pide presencia.

Habitar el momento, no es  “arreglar” lo que pasa, sino sostener el espacio donde éso pasa, sin huir, sin invadir, sin dramatizar, sin cerrar el corazón. A veces cada uno necesitará momentos de silencio, de repliegue interior, de volver a sí mismo. Pero incluso hasta ese silencio puede ser compartido si no nace de la desconexión sino de la presencia.

Alli el gesto mínimo se vuelve enorme: un abrazo, una mirada, una mano cerca, un “estoy acá” dicho sin palabras.

Ocurre lo profundo: el momento deja de orbitar alrededor de las expectativas de la forma —cómo debería sentirse, cuánto debería dar, cómo debería responder— y empieza a iluminar algo más esencial: el encuentro de dos atravesando juntos la impermanencia emocional sin convertir cada movimiento interno en una amenaza para el amor.

Porque el amor sin formas no significa ausencia de formas, significa no ser rehenes ellas. La tensión seguirá existiendo. La frustración puede seguir apareciendo. El cuerpo puede sentir miedo o vacío, pero ya no son la totalidad del vínculo.

Entonces el interrogante cambia: “¿podemos permanecer presentes mientras esto sucede?” Ahí aparece una intimidad mucho más verdadera, más humilde, más silenciosa. más humana y quizás, “transitar la incomodidad juntos” sea exactamente eso: descubrir que el amor no siempre elimina el vacío, pero puede volverlo habitable.

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