Apuntes (el libro)

 TÍTULO PROVISORIO

EL OFICIO DE LA PRESENCIA 

EL PAN, LA PALABRA Y EL AHORA


Apuntes sobre la presencia en los oficios, el amor, la crianza y el paisaje


SUBTÍTULO


Crónicas de una búsqueda espiritual entre el oficio del pan, la escritura, las canciones, el amor, la paternidad y la vida cotidiana.


IDEA CENTRAL


Durante años creí que la espiritualidad era algo que debía encontrar en otro lugar.


La busqué en libros, en enseñanzas, en símbolos, en el lenguaje astrologico, en la música y en el silencio.


Con el tiempo descubrí que aquello que buscaba aparecía una y otra vez en los lugares más simples.


Mientras amasaba pan temprano a la mañana. 


Mientras acompañaba a los hijos en su crecimiento.


Mientras aprendía a amar una mujer sin fusión, posesión o apego.


Mientras escribía o cantaba. 


Mientras observaba la repentina aparición de un cóndor en vuelo sobre las sierras.


La presencia no estaba al final del camino.


Estaba ocurriendo en cada experiencia.


Este libro reúne reflexiones, relatos, poemas, canciones, recetas, observaciones y análisis de la carta astral y el diseño humano, además de las experiencias de vida que nacieron de esa comprensión.

Nace del amor y la entrega a los oficios y lo que la presencia,  haciendo foco en lo que llame "mis propósitos" revela con la atención, la celebración y el entusiasmo puesto en el hacer cotidiano.


No pretende enseñar una verdad.


Sólo compartir un recorrido por los oficios.


ÍNDICE POSIBLE


Prólogo

La búsqueda de algo que nunca estuvo ausente

La presencia no apareció cuando dejé el mundo para buscarla.

Apareció cuando comencé a habitar plenamente aquello que ya estaba viviendo


Durante muchos años creí que la espiritualidad era algo lejano, que se experimentaba de a ratos, o que había que llegar a un estado del Ser dónde se manifieste,  o simplemente no era para mí,  sólo para seres excepcionales.


Pensé que algún día llegaría a una comprensión definitiva. Que existiría una enseñanza capaz de responder a mis interrogantes. Que detrás de cada libro, de cada símbolo, de cada búsqueda había una puerta que todavía no había logrado abrir. Los libros,  las canciones, las experiencias,  las personas traían respuestas desordenadas, pero en lo profundo sentía que eran mensajes en clave, de algo más grande.


Sin embargo, mientras buscaba, la vida seguía ocurriendo.


Ocurría de madrugada, cuando amasaba pan antes de que saliera el sol.


Ocurría cuando observaba, escuchaba o acompañaba a mis hijos, en ese compartir los  juegos  o las propuestas que ellos proponían. En el estar atento a lo que ellos traían más que en mí hacer compulsivo. Se daba en la posibilidad que da la cercanía de los quehaceres cotidianos o en la entrega a la escucha, ése arte profundo de oír en silencio con la mente quieta pero atenta, atenta a lo que las palabras y los gestos revelan detrás de las palabras.


Ocurría en los encuentros y desencuentros del amor en pareja. En el anhelo de encontrar en el compartir con una mujer la posibilidad de aprender juntos cómo se ama, cómo se cuida y sobre todo, cómo se sostiene una relación cuando algo incomoda, y no sabemos cómo expresarlo, cuando nos permitimos mostrarnos vulnerables al otro y comunicarlo con un simple "no sé cómo se hace" pero ¿y si lo aprendemos juntos?.


Ocurría cuando una canción aparecía sin haber sido llamada. Cuando una frase o una breve melodía nacía del silencio o de la calma y la entrega. Y cuando cedía tiempo y espacio para que se vaya mostrando. Cuando no le exigía que expresara, sino que me diera la posibilidad de poder decir a través de ella.


Ocurría al caminar por las calles del pueblo camino al río, en mirar al río al cielo,  a los árboles, escuchar al viento y a sus sonidos, a los pájaros, en la contemplación del paisaje y sus ciclos desde el patio de la casa, detenerme ante las experiencias o los sucesos con la atención, el gozo y el entusiasmo del observador que está presenciando un encuentro que trae seguramente un mensaje,  un símbolo una respuesta a un interrogante conciente o inconsciente que a través de otros lenguajes nos traen su sabiduría y se expresan. Lo simple reflejado en los ciclos y procesos del paisaje. Su respiración y sus ritmos.


Con el tiempo comencé a sospechar que aquello que buscaba no estaba escondido en ningún lugar especial.


No estaba al final del camino.


No estaba en el miedo o la culpa del pasado.


No estaba eella ansiedad del futuro.


No estaba reservado para unos pocos.


Estaba presente en cada experiencia.


Este libro reúne notas, relatos, poemas, canciones y observaciones nacidas de esa comprensión.


No pretende enseñar.


No intenta convencer.


Tampoco ofrecer respuestas definitivas.


Es simplemente el mapa de un recorrido.


La historia de alguien que buscó durante años y terminó encontrándo en lo más simple: en la presencia y en las experiencias de lo cotidiano, en la plena conciencia de hacer dejando espacio para que la vida se exprese.  ¿Qué busco? O en realidad,  ¿Qué encuentro? Paz, calma, armonía, presencia en el ahora para responder de forma  consciente y coherente con el Ser y el hacer con la atención puesta en los desafíos y posibilidades que la vida expresa en su inestable equilibrio:

En el pan.

En la palabra.

En la canción.

En los hijos.

En el amor.

En el paisaje.

En la respiración.

En este instante.



Primera parte


El oficio del pan


Capítulo 1

Amasar la mañana


Capítulo 2

La levadura y el misterio del tiempo


Capítulo 3

Recetas para alimentar el cuerpo y el alma


(Incluir recetas y reflexiones)


Segunda parte

El oficio de amar

La repetición de patrones. (Experiencia con Marisa)

La comunicación asertiva y el don de ceder para que otra cosa se exprese y ocurra. Humanizarel vínculode pareja mas alláde las diferencias. (separación con Meli)


Capítulo 4

La mujer como espejo

Mirar a los ojos (Experiencia con Mai)


Capítulo 5

Aprender a permanecer

¿Y si sostenemos la incomodidad juntos? (Charla con Mai que remitió a Experiencia con Meli).


Capítulo 6

El amor cuando deja de ser búsqueda

El amor en el compartir experiencias. 


(Incluir poemas y letras de canciones)


Tercera parte

El oficio de ser padre

¿Pa, donde aprendí a caminar? (Experiencia con Amparo que me llevó al olvido del momento por estar en el enojo del pasado y no en el presente).


Capítulo 7

Acompañar sin dirigir


Capítulo 8

Los hijos y el arte de la presencia


Capítulo 

Ser padre presente o proveedor. Ser padre separado en el sistema judicial.


Capítulo 9

Lo que los niños enseñan sobre el ahora



Cuarta parte

El oficio de crear

¿Cómo aprendemos algo? Por repetición.  Por entregarnos una y otra vez al ejercicio del hacer desde la conciencia plena y la presencia. No desde la mecanicidad alienante desde el pesar, sino desde la entrega a la escucha,  a las sensaciones que despierta ése hacer. 

Ése regalo me lo dio la música. Fue allí el descubrimiento de no pensar.  Cuando canto no pienso. Entro en una dimensión dónde recordar y ejecutar se unen, donde expresar y hacer son la misma cosa y dónde la verdad, la belleza y el ser se expresan y a la vez comunican. Es un estado dónde dejarse ir con la confianza y la entrega nos cobija y nos abraza y se siente seguridad 


Capítulo 10

Las canciones llegan cuando encuentran espacio


Capítulo 11

Escribir para escuchar


Capítulo 12

La creatividad como estado de presencia

Toda creación comienza mucho antes de la primera acción. Comienza cuando somos capaces de descubrir un propósito, un objetivo, un norte hacia el cual orientar nuestra energía. El "Qué Necesito".

El propósito es lo primero.  El sentido dónde enfocarse.  Es el hacia dónde.  El cómo vendrá después. Y ese cómo no será una estructura rígida, sino un camino vivo, dispuesto a transformarse con cada experiencia , con cada aprendizaje y con cada giro inesperado del devenir.

Crear es aprender a alinear el pensamiento, las imágenes, las palabras, las narrativas, de la mente  con las emociones y las acciones para que todas apunten hacia una misma dirección y se sostengan en el tiempo para  lograr  el hecho material y concreto en el mundo real de la forma.  Cuando esa coherencia aparece, la energía deja de dispersarse y comienza a convertirse en una fuerza  que  impulsa más creatividad.

El camino puede recorrerse entonces, en calma con alegría y entusiasmo de estar haciendo lo correcto  con sentido, seguridad y confianza. No alcanza con desear un resultado: es necesario diseñar estrategias, definir pasos concretos y sostener acciones concretas que nos acerquen, día tras día, al objetivo elegido.

La perseverancia es indispensable, pero quizá aún más importante sea la paciencia. La creación necesita tiempo. Requiere entrega, observación y receptividad para escuchar las respuestas que la propia vida nos ofrece a cada paso.

En ese diálogo permanente podemos reconocer si nuestro propósito personal está verdaderamente alineado con el propósito mayor; si lo que hacemos nace de quienes realmente somos. Cuando el ser y el hacer dejan de enfrentarse y comienzan a caminar juntos, aparece la sensación de armonía con ése todo que nos rodea.

Por eso, crear también es una práctica espiritual de presencia. Es enfocar la mente, una y otra vez, en el propósito elegido durante cada momento del presente. Porque es aquí, en cada decisión, en cada palabra y en cada acción del ahora, donde estamos construyendo nuestro propio mañana.



(Incluir letras, relatos y procesos creativos)


Quinta parte

El oficio de buscar


Capítulo 13

Astrología y autoconocimiento

El estudio de Astrología y Diseño Humano como herramienta de autoconocimiento y para reconocer cual es mi configuración energética y como se relaciona con otras energías y con los movimientos del cielo. Encausar la energía con dirección y sentido a partir del conocimiento. 


Capítulo 14

La ilusión del yo separado


Capítulo 15

El descubrimiento del YO SOY


Capítulo 16


El oficio de recibir

Conversación con uno mismo

—Me doy cuenta de que no sé recibir lo que me es dado. Que muchas veces respondo desde el rechazo, la duda, la desconfianza o el control. ¿Cuál es la raíz de esa reacción?

—Probablemente el miedo.

No necesariamente miedo a perder algo material. Más bien miedo a perder una forma conocida de ser. Porque recibir verdaderamente implica abrirse al cambio, y todo cambio cuestiona aquello que creemos que nos da estabilidad.

—Entonces, ¿no temo recibir?

—Quizás no.

Quizás temés transformarte.

Porque cuando algo nuevo entra en tu vida, algo viejo debe reacomodarse o desaparecer.

Y el personaje suele aferrarse a aquello que conoce, incluso cuando ya no le sirve.

—¿Qué es lo que podría perder si me abro a recibir plenamente?

—Tal vez la identidad de quien lucha solo.

La identidad de quien debe sostener todo por sí mismo.

La identidad del buscador que todavía está esperando encontrar aquello que necesita.

Porque si la ayuda llega, si la abundancia llega, si la vida responde, muchas historias antiguas dejan de tener sentido.

—¿Y si la abundancia realmente está intentando llegar?

—Esa es una posibilidad.

Tal vez la pregunta no sea por qué la abundancia no llega.

Tal vez la pregunta sea si estás disponible para reconocerla cuando aparece.

—¿Cómo reconocerla?

—Afinando la percepción.

La abundancia no siempre llega bajo la forma que imaginamos.

A veces llega como una persona.

A veces como una oportunidad.

A veces como una idea.

A veces como un aprendizaje.

A veces como un trabajo pequeño que abre una puerta mayor.

La vida suele hablar en un lenguaje más sutil del que espera nuestra mente.

—Entonces quizás el problema no sea la abundancia sino mi capacidad para verla.

—Es posible.

Cuando la mirada está enfocada exclusivamente en lo que falta, resulta difícil percibir todo aquello que ya está siendo dado.

—¿Y qué papel juega la mente en todo esto?

—La mente es una herramienta extraordinaria.

Pero cuando se desconecta de la presencia comienza a producir ruido.

Proyecta miedos.

Recuerda fracasos.

Anticipa escenarios negativos.

Y termina convenciendo al ser de que necesita controlar aquello que nunca podrá controlar.

—¿Qué es lo que realmente puedo controlar?

—Muy poco.

Tus decisiones.

Tu atención.

La calidad de tus pensamientos.

La forma en que respondés a la experiencia.

Pero no los resultados.

No los tiempos.

No las personas.

No la vida.

—Entonces la entrega consiste en renunciar al control.

—No.

La entrega no es renunciar a la acción.

Es renunciar a la ilusión de control.

Seguir haciendo lo que te corresponde mientras soltás aquello que no depende de vos.

—¿Y qué lugar ocupa el dinero dentro de esta búsqueda?

—El dinero parece haber sido una puerta para una pregunta más profunda.

No sólo cuánto dinero necesitás.

Sino qué relación tenés con recibir.

Qué historias heredaste sobre el valor, el trabajo, la abundancia y el merecimiento.

—¿Es posible que haya una contradicción entre espiritualidad y abundancia económica?

—No necesariamente.

Quizás esa contradicción exista solamente en algunas creencias aprendidas.

La abundancia no tiene por qué estar enfrentada al servicio.

Ni al amor.

Ni a la conciencia.

Ni a la vocación.

—Entonces, ¿cuál es la verdadera pregunta?

—Tal vez no sea:

"¿Cómo gano más dinero?"

Sino:

"¿Cómo puedo abrirme a recibir plenamente aquello que la vida intenta entregarme?"

—¿Y qué ocurre cuando uno se abre?

—Comienza a descubrir que la vida ya estaba respondiendo.

Que las señales estaban presentes.

Que las ayudas existían.

Que la abundancia adoptaba múltiples formas.

Que el camino se iba revelando paso a paso.

—¿Qué aprendizaje aparece entonces?

—La confianza.

La paciencia.

La capacidad de esperar sin resignarse.

La capacidad de actuar sin controlar.

La capacidad de escuchar sin exigir respuestas inmediatas.

—¿Y si todavía tengo miedo?

—Entonces observá el miedo.

No luches contra él.

No te identifiques con él.

Escuchalo.

Preguntale qué intenta proteger.

Porque detrás de cada miedo suele existir una parte de nosotros que busca seguridad.

—¿Y dónde se encuentra la verdadera seguridad?

—Quizás no en aquello que permanece.

Sino en la capacidad de atravesar los cambios sin perder el centro.

—¿Qué significa confiar?

—Confiar no es saber lo que va a ocurrir.

Confiar es seguir caminando aun cuando no lo sabemos.

—¿Y cuál es el oficio que estoy aprendiendo ahora?

—El oficio de recibir.

Aprender a abrir las manos.

Aprender a reconocer la abundancia cuando llega.

Aprender a dejarse ayudar.

Aprender a confiar en la vida.

Aprender a recibir con gratitud aquello que durante años se buscó con esfuerzo.

Porque tal vez la búsqueda termina cuando comprendemos que la vida nunca dejó de responder.

Y que nuestro aprendizaje más profundo no era encontrar.

Era recibir. :::

Lo interesante es que este formato tiene un tono muy cercano a las entrevistas de crecimiento personal que te gustan, pero al mismo tiempo conserva tu experiencia concreta: el pan, la canción, la escritura, la paternidad y ahora este nuevo aprendizaje, que quizás podría llamarse "el oficio de recibir", como una prolongación natural de "el oficio de buscar".


Capítulo 16

El paisaje interior


Sexta parte

Las sierras


Capítulo 17

El cóndor


Capítulo 18

Los ciclos de la luna


Capítulo 19

Caminar la montaña


Capítulo 20

El poder de la respiración 


Epílogo


Quizás nunca se trató de llegar.


Quizás la vida siempre estuvo ocurriendo aquí.


En el pan.


En la canción.


En los hijos.


En el amor.


En la respiración.


En este instante.

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