El Pan, la Canción y el Ahora. Prólogo

 EL PAN, LA CANCIÓN Y EL AHORA

Apuntes sobre la presencia en los oficios, el amor, la crianza y el paisaje

Marcos Sebastián Navarro Rodríguez

Índice

Prólogo

Primera parte · El oficio de estar presentes

El pan

Los oficios y la vocación

La presencia

La creatividad

Segunda parte · La palabra que nos encuentra

La canción

La palabra y la escritura

Lo relacional

La comunicación

Tercera parte · Aprender a amar

Los hijos

El amor

El paisaje

El tiempo y el ahora

Epílogo

Prólogo

Hay libros que nacen de una idea. Otros nacen de una investigación. Algunos son el resultado de años de estudio o de una necesidad urgente de explicar el mundo.

Este libro nació de una práctica.

Nació mientras amasaba pan antes del amanecer. Mientras esperaba que una masa encontrara el tiempo justo para crecer. Mientras escribía una canción sin saber todavía hacia dónde me llevaba. Mientras observaba a mis hijos descubrir el mundo con esa libertad que los adultos tantas veces olvidamos. Mientras caminaba por los caminos de tierra de las sierras de Córdoba dejando que el paisaje me enseñara a mirar más despacio.

Con el tiempo comprendí que ninguna de esas actividades estaba separada de las otras.

Amasar, escribir, criar, conversar, contemplar un árbol, preparar un alimento o escuchar profundamente a otra persona eran distintas expresiones de una misma actitud frente a la vida.

La presencia.

Vivimos en una época que parece premiar la velocidad, la acumulación y la productividad. Aprendemos desde muy pequeños a preguntarnos cuánto hicimos, cuánto ganamos, cuánto falta para llegar. Rara vez alguien nos pregunta de qué manera estuvimos presentes mientras hacíamos aquello que hicimos.

Sin embargo, con los años fui descubriendo que el verdadero sentido de un oficio no está solamente en aquello que produce, sino en aquello que produce en quien lo realiza.

El pan alimenta a otros, pero también transforma al panadero.

La canción conmueve a quien la escucha, pero antes ha transformado a quien se atrevió a escribirla.

Criar a un hijo no consiste solamente en acompañar el crecimiento de otra persona; también implica aceptar que somos nosotros quienes volvemos a crecer.

Amar no es únicamente encontrar a alguien. Es aprender a convertirnos, día tras día, en alguien capaz de amar con mayor libertad.

Este libro no pretende enseñar un método.

No ofrece recetas para vivir mejor.

Tampoco busca convencer a nadie.

Son apuntes. Reflexiones nacidas del trabajo cotidiano, de los errores, de las conversaciones, de las pérdidas, de la música, del silencio y de los pequeños descubrimientos que sólo aparecen cuando dejamos de correr.

Muchas de estas páginas fueron escritas sin imaginar que algún día formarían un libro. Surgieron como quien deja una semilla en la tierra sin saber cuándo llegará la lluvia. Con el tiempo comprendí que todas hablaban, en el fondo, de la misma pregunta:

¿Cómo habitar plenamente el instante que nos toca vivir?

El pan me enseñó que todo necesita su tiempo.

La música me enseñó que el silencio también forma parte de la obra.

Mis hijos me enseñaron que acompañar no es dirigir.

Los vínculos me enseñaron que la comunicación nace mucho antes que las palabras.

El paisaje me recordó, una y otra vez, que la naturaleza nunca tiene apuro y, sin embargo, siempre llega a tiempo.

Quizás por eso elegí reunir estas páginas bajo un mismo título.

Porque el pan representa el trabajo cotidiano, humilde y concreto.

La canción representa aquello que no puede medirse, pero que da sentido a la existencia.

Y el ahora representa el único lugar donde ambos pueden encontrarse.

Si estas páginas logran invitar al lector a detenerse unos minutos, a mirar con otros ojos su propio oficio, sus vínculos, sus manos, su paisaje y su manera de habitar el tiempo, entonces este libro habrá cumplido su propósito.

No aspira a ofrecer respuestas definitivas.

Aspira, simplemente, a acompañar.

Porque tal vez vivir consista en eso: en aprender, una y otra vez, a poner el corazón en aquello que nuestras manos hacen, confiando en que cada gesto realizado con presencia deja una huella que trasciende el instante y continúa obrando, silenciosamente, en la vida de los demás.

Y si al cerrar este libro alguien siente el deseo de amasar un pan, escribir una canción, abrazar a un hijo, contemplar un atardecer o permanecer unos minutos en silencio, entonces estas páginas habrán encontrado, por fin, su verdadero hogar.

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