Lo relacional y la comunicación con los pares

 Quizá gran parte del sufrimiento humano nazca de esa distancia entre la persona que necesito que seas y la persona que hoy sos.

Y el amor maduro empiece, muy despacio, cuando dejamos de abrazar la imagen y aprendemos a encontrarnos con la realidad.

Durante mucho tiempo creí que me alejaba porque no soportaba el sufrimiento.


Hoy sospecho que no era exactamente eso.


Me alejaba porque necesitaba que mi madre fuera feliz.


Necesitaba verla disfrutar de la vida que había construido con tanto esfuerzo. Quería verla rodeada de hijos, de nietos, de risas, de pequeños momentos cotidianos. Quería que sus últimos años fueran una cosecha.


Cada vez que la encontraba habitando otro paisaje, algo en mí se rompía.


Entonces tomaba distancia.


No porque dejara de amarla.


Sino porque no sabía cómo amar una realidad distinta de la que yo deseaba.


Quizá el aprendizaje no consista en convencerla de vivir de otro modo.


Quizá consista en aprender a acompañarla allí donde hoy está.


No para resignarme.


No para dejar de desear su alegría.


Sino para descubrir que el amor no siempre puede cambiar la vida del otro.


A veces sólo puede ofrecer una presencia que no abandona.


Y tal vez ésa sea la forma más silenciosa del amor: dejar de amar la imagen que imaginé para empezar a amar a la persona que tengo delante.


Entonces la pregunta no es

"¿Cómo comunicarme mejor?"

Ni siquiera:

"¿Cómo sostener los vínculos?"

Es algo más profundo:

¿Cómo amar sin querer cambiar aquello que amo?

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