Los oficios
este capítulo no habla solamente de los oficios. Habla de una reconciliación. De ese momento de la vida en el que dejamos de preguntarnos "¿qué quiero hacer?" para empezar a preguntarnos "¿cómo quiero habitar aquello que hago?".
"No siempre elegimos un oficio. A veces es el oficio el que espera pacientemente a que nosotros estemos preparados para elegirlo de verdad."
durante años pense que la música era mi vocación y el pan era un medio de subsistencia. Hoy descubro que el pan también es una forma de hacer música. Cambian los instrumentos, los materiales, pero la intención es la misma: nutrir, cuidar, reunir, crear belleza en la vida cotidiana.
Por eso, quizás el verdadero oficio no sea hacer pan ni escribir canciones.
El verdadero oficio es servir la vida.
El pan es un lenguaje. La música es otro. La escritura es otro. La crianza es otro, el acompañar, el permanecer, otro.
Los oficios
¿Por qué nos cuesta tanto reconocer aquello para lo que estamos?
Quizás porque lo que nos resulta más natural también nos parece menos valioso. O porque confundimos el oficio con las condiciones en las que nos toca ejercerlo. Entonces rechazamos un trabajo, un oficio, un don, creyendo que estamos rechazando una vocación.
Muchas veces vivimos nuestras tareas como un peso. Nos levantamos sintiendo que eso no puede ser lo que vinimos a hacer. Miramos hacia afuera buscando una nueva profesión, un nuevo proyecto, un nuevo destino. Creemos que la respuesta está en cambiar de camino, cuando quizás lo que necesita transformarse es la relación que tenemos con ese camino, el "cómo" hago lo que hago.
No es casual que tantas crisis vocacionales aparezcan cuando ya hemos recorrido suficiente experiencia como para preguntarnos si la vida que llevamos responde realmente a una elección consciente o a decisiones tomadas por inercia, por mandato, por herencia, por fidelidad o por las circunstancias.
Elegimos una carrera o un trabajo, cuando todavía estamos aprendiendo quiénes somos. Estudiamos durante años, nos recibimos, comenzamos a trabajar y, muchas veces, nos encontramos peleados con aquello que habíamos elegido. El trabajo nos desgasta. Ponemos el cuerpo, la atención, el tiempo y las emociones. Sentimos que damos mucho y recibimos poco. La frustración no siempre nace de la falta de dinero. Muchas veces nace de la falta de sentido o resonancia con el afuera.
Sin embargo, hay algo que permanece.
¿Por qué dedicar diez años a estudiar una profesión? ¿Por qué permanecer doce años aprendiendo un oficio? ¿Por qué insistir, incluso cuando parece no conducir a ningún lugar?
Tal vez porque el oficio va trabajando en nosotros mientras nosotros creemos estar trabajándolo a él.
Con el tiempo comprendemos que ninguna experiencia fue inútil. Incluso aquello que quisimos abandonar siguió moldeándonos en silencio.
En mi vida ocurrió durante la pandemia. Yo había decidido dedicarme plenamente a la música. Era mi trabajo, mi forma de vivir. De un día para otro ese mundo se detuvo y me encontré sin ingresos. Necesitaba sostener a mi familia y apareció un viejo oficio que durante mucho tiempo había dejado de lado: hacer pan.
Desde la cocina de mi casa comencé a elaborar pan artesanal y a llevarlo a domicilio. En un momento en que salir era difícil, el pan se volvió un alimento esencial y también una forma de encuentro.
Entonces comprendí algo que hasta ese momento no había podido ver.
No había vuelto al oficio porque hubiera fracasado en otro camino. Había vuelto porque ese oficio nunca se había ido de mí.
Lo que había cambiado era mi mirada.
Aquello que alguna vez viví como un desgaste comenzó a convertirse en un acto de servicio. Ya no hacía pan solamente para vender. Hacía pan para alimentar, para cuidar, para acompañar la mesa de otras familias y, al mismo tiempo, sostener la mía.
El oficio seguía siendo el mismo. Quien había cambiado era yo.
Quizás por eso las vocaciones no desaparecen. Esperan. A veces permanecen dormidas durante años, hasta que la vida crea las condiciones para que podamos abrazarlas con otra conciencia.
Y entonces comprendemos que la pregunta nunca fue qué vinimos a hacer.
La verdadera pregunta era desde dónde íbamos a hacerlo.
Pero la vocación es una sola: nutrir, cuidar y dar amor en aquello que hacemos.
A veces, el alimento de una melodía, otras con una palabra y otras con pan recién horneado. Cambian las formas; permanece el mismo gesto de ofrecer."
Estás dejando un mapa para quienes, como vos, alguna vez dudaron de su lugar en el mundo y descubrieron que ese lugar no estaba adelante ni atrás, sino esperándolos en aquello que siempre habían sabido hacer.
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