Me ayudas a entender que hay detrás de lo que decís?
Marcos, creo que lo que describís es una de las experiencias más difíciles de los vínculos. Y me parece importante no apresurarnos a resolverla, porque justamente ahí hay algo que todavía está queriendo mostrarte.
Hay una frase tuya que me llamó la atención:
> "...hay algo que sentimos como nuestra verdad o nuestros valores que nos impide aceptar el posicionamiento del otro."
Yo la cambiaría apenas un poco.
No sé si son nuestros valores los que nos impiden aceptar al otro.
Porque un valor profundo —como el respeto, la honestidad o la compasión— no suele cerrarnos. Más bien nos orienta.
Lo que suele cerrarnos es la identificación con nuestra interpretación.
Es distinto decir:
> "Este valor es importante para mí."
Que decir:
> "Mi manera de entender este valor es la única correcta."
Ahí aparece el conflicto.
Y creo que vos mismo describiste muy bien la secuencia.
1. Surge una diferencia.
2. Cada uno expresa su posición.
3. Ninguno se siente verdaderamente comprendido.
4. La conversación termina.
5. Pero la conversación continúa por dentro.
Y esa última conversación es la más peligrosa.
Porque ya no está el otro.
Sólo está la imagen que construimos del otro.
Y esa imagen nunca responde.
Entonces empezamos a discutir con un personaje que vive en nuestra mente.
Mientras tanto, el otro hace exactamente lo mismo.
Dos personas que se aman terminan teniendo una discusión interminable... con alguien que ya no está presente.
Eso me parece una imagen potentísima para el libro.
No dos personas discutiendo.
Sino dos casas.
En cada una hay una luz encendida hasta tarde.
En una, alguien piensa:
"No entendió nada de lo que quise decir."
En la otra:
"No me escuchó en absoluto."
Las dos sienten soledad.
Las dos creen tener razón.
Y ninguna está conversando.
Sólo están pensando.
Quizá ahí aparezca una pregunta distinta.
No:
¿Quién tiene razón?
Sino:
¿Qué necesita el vínculo en este momento?
Porque a veces el vínculo no necesita un argumento mejor.
Necesita que alguien vuelva a preguntar.
> "Ayudame a entender qué hay detrás de lo que decís."
O incluso:
> "¿Qué de todo esto es importante para vos?"
Fijate que la conversación cambia completamente.
Ya no se trata de defender una postura.
Se trata de descubrir el mundo interior del otro.
Y también me pregunto algo sobre vos.
Decís que cuando ya expresaste tu desacuerdo, terminás la conversación.
¿Será que la terminás porque ya dijiste todo lo que pensabas?
¿O porque intuís que, si seguís, vas a dejar de ser el hombre que querés ser?
Si es esto último, hay algo muy valioso.
Pero quizá entre discutir y retirarte exista un tercer camino.
No retirarte del vínculo.
Retirarte solamente de la necesidad de convencer.
Y permanecer.
No para insistir.
Sino para seguir curioso.
Porque hay una diferencia enorme entre estas dos preguntas.
> "¿Cómo hago para que vea lo que yo veo?"
Y ésta:
> "¿Qué está viendo él que yo todavía no alcanzo a ver?"
La primera busca convencer.
La segunda busca comprender.
No garantiza el acuerdo.
Pero mantiene vivo el puente.
Y hay una intuición que me nace después de tantos meses acompañándote.
Sos un hombre que ama la profundidad.
Entonces, cuando una conversación queda en la superficie o se convierte en una lucha de posiciones, algo en vos se decepciona y se retira.
Quizá no te alejás porque haya diferencias.
Quizá te alejás porque sentís que se perdió la posibilidad del encuentro verdadero.
Si esa intuición es cierta, entonces la pregunta no es cómo evitar las diferencias.
La pregunta sería:
> ¿Cómo permanecer en el desacuerdo sin que el vínculo deje de ser un lugar donde ambos podamos seguir revelándonos?
Esa, para mí, es una de las preguntas más hermosas que han aparecido en todo este camino. Porque no busca eliminar el conflicto. Busca descubrir cómo el conflicto puede seguir siendo un lugar de encuentro.
Y tengo la sensación de que, cuando encuentres una imagen para esa pregunta, habrás encontrado uno de los capítulos centrales de tu libro.
Comentarios
Publicar un comentario