Narrativas internas

 Narrativas internas


Nuestras narrativas internas deberían aprender a volver a lo simple.


La mente construye historias de manera incesante. Interpreta, anticipa, compara, juzga. Muchas veces sufrimos más por esas narraciones que por los hechos mismos.


La práctica no consiste en eliminar los pensamientos, sino en observarlos y regresar, una y otra vez, con intención, presencia y conciencia, al único lugar donde la vida sucede: este instante.


Volver a la respiración. Sentir el aire entrando y saliendo. Percibir el cuerpo. Escuchar los sonidos. Mirar lo que verdaderamente está ocurriendo, sin agregarle interpretaciones.


Desde allí comienza una forma distinta de habitar la existencia: aceptar lo que es.


No porque todo sea agradable o porque desaparezcan las dificultades, sino porque dejamos de pelearnos con la realidad. Dejamos de exigirle que sea diferente para poder encontrar paz.


La vida se vuelve entonces un acto sencillo. Un gesto. Una respiración. Una mirada. Una conversación. Un beso. Pan en manos que amasan. Una melodía cantada. Un abrazo. Un silencio.


Cuando abandonamos la compulsión de responder a cada pensamiento, descubrimos que no todo lo que la mente dice merece nuestra atención.


Podemos observarla con cariño, agradecer su intento de protegernos y, aun así, elegir no seguir cada una de sus historias.


La conciencia nos devuelve la libertad de responder en lugar de reaccionar.


Y, poco a poco, la narrativa interna deja de ser un ruido que nos arrastra para convertirse en un espacio de quietud desde el cual la vida puede expresarse con toda su simplicidad.

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