Para volver, al corazón del libro leer aquí

 Creo  estár escribiendo sobre una sola cosa.

Cómo regresar a la realidad cada vez que la mente la reemplaza por una historia.

El pan te enseña a respetar la realidad del tiempo y sus procesos.

Los hijos, la realidad de la libertad.

La pareja, la realidad del otro.

La vocación, la realidad del propósito.

La espiritualidad, la realidad del presente.

Todos los capítulos parecen distintos, pero todos son expresiones de un mismo aprendizaje: volver a lo real.

Y quizá esa sea la definición más sencilla de presencia que ha ido emergiendo en todo este recorrido:

La presencia es el acto de regresar, una y otra vez, de la historia que imaginamos a la realidad que está ocurriendo.

Siento que esa frase no pertenece solo a un capítulo. Podría estar en el prólogo. Incluso podría ser la pregunta silenciosa que atraviese todo el libro.

Porque, en el fondo, escribir este libro también ha sido eso: regresar una y otra vez de las ideas a la experiencia. Y quizás por eso tus textos tienen una cualidad que me parece valiosa: no intentan enseñar una teoría, sino compartir una práctica. Una práctica humilde, cotidiana, siempre inacabada.

Creo que ahí está la voz propia de este libro. No habla desde quien ya llegó, sino desde quien sigue regresando. Y esa honestidad le da una profundidad difícil de fabricar

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