El cómo. ¿Cuál es la forma para comunicar esta experiencia?

 El problema no es “no puedo comunicar porque tengo miedo, inseguridad o porque profundizo demasiado”. 

ya hay algo que querés comunicar; lo que todavía estás descubriendo es la forma.

Y eso hace que el cómo sea justamente el territorio de este momento.


El eclipse en Leo y tu pregunta por la forma


Leo tiene mucho que ver con dar forma y expresión a algo que nace de adentro. No solamente hablar: crear una forma que pueda ser recibida por otro.


Y ahí tu pregunta adquiere mucha fuerza:


¿Cómo hago llegar esta experiencia?


No solamente cómo explicarla.


Porque no se puede explicar la presencia


Se la puede señalar.


Se la puede sugerir.


Se la puede hacer experimentar.


Se puede contar una historia.


Se puede cantar una canción.


Se puede amasar un pan.


Se puede estar con un hijo.


Se puede escuchar a una pareja.


Se puede escribir una frase que, en lugar de explicar algo, haga que quien la lee se detenga un instante.


Y quizás eso sea lo que estás buscando.


De la idea a la experiencia


Hay algo muy interesante en el proyecto de tu libro.


Vos venís descubriendo una convicción:


"La presencia consiste en la práctica de regresar una y otra vez de la narrativa mental a la experiencia concreta".

Ahora 

 ¿Cómo puedo hacer que otro experimente, aunque sea por un instante, ese regreso?




Ahí comienza el verdadero problema artístico.


Porque ya no es solamente filosofía.


Es lenguaje.


Y quizás por eso aparecen naturalmente el cuento, la canción, el pan, la conversación, los hijos, la pareja, el oficio.


Son diferentes formas de transmitir una misma experiencia.


No necesitás decirle a un niño “viví en el presente”.


Podés contarle un cuento donde un personaje descubre que estaba buscando algo que tenía delante.


No necesitás decirle a alguien “el tiempo psicológico nos lleva al pasado y al futuro”.


Podés escribir una canción sobre un hombre que está amasando mientras su mente está en una conversación que ocurrió ayer.


No necesitás explicarle a tu pareja qué significa aceptar al otro.


Podés aprender a escucharla sin preparar mentalmente la respuesta.


No necesitás enseñar presencia desde una teoría.


Podés convertir la presencia en una experiencia compartida.


Y creo que ahí está el núcleo de lo que estás descubriendo.


El "cómo" no está separado del contenido


Incluso diría algo más.


Quizás el cielo de Leo no te esté preguntando solamente:


“¿Qué tenés para decir?”


Eso ya parece bastante claro.


La pregunta sería:


“¿Qué forma necesita aquello que tenés para decir para poder llegar al otro?”


Y esa es una pregunta profundamente creativa.


Porque una misma verdad puede necesitar:


una canción para llegar al corazón;


un cuento para llegar a un niño;


una conversación para llegar a la pareja;


un gesto para llegar a un hijo;


un oficio para llegar a la vida cotidiana;


una página para llegar a alguien que está buscando;


silencio para llegar a alguien que todavía no puede escuchar.



Entonces quizás tu tarea ahora no sea encontrar una única forma de comunicar la presencia.


Sino descubrir muchas formas de señalarla

" descubrir formas de comunicar que señalen la presencia,  que la hagan aparecer".


Que el lector entre por el pan y termine encontrándose con el tiempo y los procesos.


Que entre por una historia de pareja y se encuentre con la diferencia entre realidad y narrativa.


Que entre por los hijos y descubra el desapego.


Que entre por una canción y descubra la escucha.


Que entre por el paisaje y descubra el silencio.


Que entre por un oficio y descubra el ritmo de permanecer.


Y que, sin que nadie se lo ordene, llegue a la misma pregunta:


> ¿Dónde estoy mientras esto está sucediendo?




Eso me parece mucho más potente que intentar convencer al lector de una idea.


Y quizás esa sea justamente la tensión creativa que este momento de Leo está poniendo delante tuyo:


no encontrar qué decir, sino encontrar cómo hacer que lo que ya descubriste pueda ser recibido.


Y hay algo todavía más profundo.


Quizás el cómo no se descubre pensando cuál es el mejor modo de comunicarlo.


Quizás se descubre comunicando.


Probando una canción.

Escribiendo un cuento.

Contándole algo a un hijo.

Conversando con alguien.

Haciendo pan.

Equivocándote.

Observando qué llega y qué no llega.


Es decir:


la forma también necesita tiempo.


Y esto vuelve a unir todo.


El pan te enseñó que existe un tiempo y un proceso que no puede acelerarse.


La presencia te está enseñando que existe un tiempo que no necesita ser perseguido.


Y ahora la creación quizás te esté enseñando que también existe un tiempo para encontrar la forma.


No forzarla.


No apurarla.


Dejar que aparezca.


Quizás, entonces, el verdadero movimiento de este tiempo no sea:


“Tengo algo que enseñar.”


Sino:


“Tengo algo que viví, algo que sigo descubriendo, y quiero encontrar la forma más honesta y sencilla de compartirlo.”


Y ahí la pregunta por el cómo deja de ser una dificultad.


Se convierte en el próximo capítulo del camino


Sí. Creo que acabás de nombrar con mucha precisión el lugar desde el cual puede nacer finalmente el libro.


Y hay una diferencia muy importante entre encontrar una identidad para decir y encontrar desde dónde decir.


La identidad puede convertirse en una etiqueta: soy escritor, músico, panadero, padre, pareja, etc.

En cambio, el desde dónde es una experiencia.


Y lo que estás encontrando parece ser justamente eso:


no hablar desde una posición de quien sabe, sino desde un lugar de quien ha vivido, ha observado y continúa aprendiendo.


Eso cambia completamente la relación con el lector.


No hay enseñanza.


Hay transmisión de una experiencia.


No hay una verdad que entregar.


Hay una pregunta, una intuición, una convicción que poner en circulación.


Y entonces El pan, la canción y el ahora deja de ser solamente el título de un libro y empieza a funcionar casi como una base de sustentación.

Desde dónde decir que:

El pan es la realidad concreta, el cuerpo, el oficio, el tiempo, el proceso.


La canción es la sensibilidad, la escucha, la expresión de aquello que necesita una forma para poder llegar al otro.


El ahora es el lugar donde todo eso ocurre.


Y desde esos tres lugares podés irradiar hacia todo lo demás.


Los hijos.

La pareja.

Los padres.

Los hermanos.

Los amigos.

El trabajo.

La música.

La escritura.

El paisaje.

La vida cotidiana.


El destino del libro no es el lector. Es el encuentro.


No se trata de que alguien termine el libro pensando:


"Ahora entiendo qué es la presencia."


Quizás sea mucho más hermoso que termine una página y, durante unos segundos, 


Mire de otra manera lo que tiene delante.


Que escuche distinto a su hijo.


Que mire a su pareja.


Que amase un pan.


Que camine.


Que se quede en silencio.


Que advierta que mientras estaba leyendo estaba pensando en otra cosa.


Y vuelva y regrese al ahora. 


Eso sería transmitir.


No convencer.


No enseñar.


Mostrar. Señalar con una imagen la existencia.


Hacer posible una pequeña experiencia.


 ¿cómo llego al otro?


Quizás la respuesta sea:


llego al otro encontrando la forma que le permita encontrarse consigo mismo.


A veces será una conversación.


A veces una canción.


A veces un cuento.


A veces un poema.


A veces una pregunta.


A veces una imagen.


Y quizás, muchas veces, el silencio.


Porque si la presencia es regresar de la narrativa a la experiencia, entonces la comunicación más profunda no necesariamente consiste en agregar palabras. A veces consiste en crear el espacio para que algo se revele y pueda ser escuchado.

-


> “¿Cómo llego al otro para que ese otro resuene?

No quiero que el otro piense como yo.


No quiero que el otro crea lo que yo creo.


No quiero enseñarle presencia.


Quiero ofrecer algo verdadero de mi experiencia y ver si eso resuena en el otro.


Y si la encuentra, quizá suceda algo que ninguno de los dos podía producir individualmente:


el encuentro.


Entonces el movimiento podría ser:


vivir → observar → escuchar → encontrar una forma → responder- ofrecer → esperar la resonancia → encontrarnos y dejar que la vida haga el resto. 


Y fíjate que vuelve a aparecer el tiempo.


No podés fabricar la resonancia.


Podés preparar la canción.


Podés escribir el cuento.


Podés amasar el pan.


Podés decir la palabra.


Podés dar el abrazo.


Pero no podés decidir qué hará eso en el otro.


Tenés que soltarlo.


Y ahí aparece nuevamente la presencia.


Por eso creo que tu pregunta por el cómo es, en realidad, mucho más profunda de lo que parecía.


No es solamente una pregunta artística:


“¿Cómo comunico?”


Es también una pregunta existencial:


“¿Cómo participo de este presente sin querer controlarlo?”


Y quizás esa sea la madurez que estás empezando a nombrar a los cincuenta.


No llegar con respuestas.


Llegar disponible.


Con una experiencia en el cuerpo.


Con una palabra que todavía está buscando su forma.


Con una canción.


Con un cuento.


Con un pan.


Con un silencio.


Y ofrecerlo.


Después, dejar que la vida haga el resto.


Porque quizás la presencia no sea algo que podamos enseñar.


Quizás solamente podamos encarnarla lo suficiente como para que, al encontrarnos con otro, algo de ella se vuelva contagioso..


Exactamente. Y creo que acá aparece un giro decisivo en todo el proceso que venís haciendo: pasar de la búsqueda de la forma a la realización de la forma.


"... mientras la forma permanece en la cabeza, puede ser perfecta, pero sigue siendo una posibilidad. En cambio, cuando hacés el pan, escribís el poema, componés la canción, contás el cuento, tenés una conversación, algo entra en el tiempo real..."


Y ahí empieza verdaderamente el aprendizaje.


El pan puede salir demasiado duro.

La canción puede no decir todavía lo que querías.

El cuento puede ser demasiado largo.

Una palabra puede no llegar.

Una conversación puede abrir algo inesperado.


Pero todo eso es información.


La realidad empieza a corregir la idea. salir de la representación mental y volver a la experiencia concreta.


Incluso podría pensarse así:


Idealizar → imaginar la forma.

Hacer → encontrar la forma.

Compartir → comprobar qué llega.

Escuchar → corregir.

Volver a hacer.


Es un movimiento circular, no una forma definitiva.


Y entonces el libro mismo podría construirse de esa manera. No como el resultado de haber encontrado finalmente una teoría sobre la presencia, sino como el registro de alguien que está aprendiendo a hacerla material.


Ahí El pan, la canción y el ahora adquiere una potencia enorme.


Porque los tres elementos son concretos:


Pan: hago algo con las manos y respeto su proceso y su tiempo.

Canción: hago audible algo que antes era interior.

Ahora: vuelvo a aquello que efectivamente está sucediendo.


Y después están los vínculos, donde esa misma práctica se vuelve relación:


¿Qué hago con lo que siento?

¿Qué palabra elijo?

¿Escucho para responder o reacciono mecánicamente?

¿Abrazo?

¿Guardo silencio?

¿Pregunto?

¿Escribo?

¿Canto?


Ya no se trata tanto de pensar sobre la presencia.


Se trata de hacer presencia.


Y hay una frase tuya que me parece particularmente importante:


> “Ir al objeto de comunicación.”




Ahí hay algo muy concreto para tu proceso creativo.


No pensar indefinidamente cómo hablar sobre el cuento.


Escribir el cuento.


No pensar indefinidamente cómo transmitir esta experiencia a través de la música.


Hacer la canción.


No pensar qué podría decir el pan.


Hacer el pan y observar qué te enseña.


Después sí: mirar, escuchar, corregir, escribir, compartir.


Porque quizá la obra sea el lugar donde el pensamiento deja de ser pensamiento y se convierte en experiencia compartida.


Y esto incluso podría convertirse en una especie de regla para esta etapa:


> Menos pensar la forma. Más hacer la forma.

Menos explicar la experiencia. Más encarnarla.

Menos imaginar al otro. Más encontrarse con el otro.




Ahí, paradójicamente, el cómo llegar puede empezar a aparecer solo.


Porque la forma no se descubre antes de hacerla. Se descubre haciéndola.


"... dejar de esperar que aparezca la forma correcta y empezar a producir formas reales, imperfectas, concretas, vivas.

Después la vida —y los otros— te van a ir mostrando cuáles llegan..."

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