El amor como espacio
Abrir un espacio donde el amor pueda existir sin que las formas terminen condicionándolo.
El amor como espacio
Una forma puede ser la convivencia, el matrimonio, la familia, la pareja tal como la imaginamos. El riesgo aparece cuando esa forma se convierte en una exigencia que termina absorbiendo la individualidad de quienes la habitan.
Un espacio, en cambio, permite que dos personas se encuentren sin dejar de ser quienes son.
No es distancia afectiva. Tampoco es ausencia de compromiso.
Es la posibilidad de que el vínculo tenga lugar sin que ninguno de los dos tenga que dejar de pertenecerse a sí mismo.
Podríamos expresarlo así:
El amor como espacio invita a descubrir el amor no como una forma que deba ser definida, sino como un espacio que permita el encuentro sin borrar la individualidad.
Un espacio donde estar juntos no signifique dejar de estar con uno mismo. Donde la presencia no sea una exigencia de permanencia, y la libertad no sea una manera de ausentarse.
Quizás amar sea eso: ofrecerle al otro un lugar donde pueda ser, sin pedirle que deje de ser para quedarse.
El espacio no es lo que queda cuando el otro se va. Es aquello que permite que el otro esté sin necesidad de ocuparlo todo.
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